Impactos de una ciudadanía transhumanista (2a. parte)

En el anterior artículo, ya mencionamos en parte sobre los posibles impactos en la sociedad del siglo XXI, trae consigo la difusión y anunciamiento de otorgar una ciudadanía mundial a esta entidad creada de inteligencia artificial denominada "Sophia" por sus creadores de la empresa de David Hanson:  Hanson Robotics, que ahora también anuncian la creación de una institución en Arabia Saudita que se va a encargar de legalizar y proteger jurídicamente los proyectos de inteligencia artificial que se deriven de dicha empresa y de otras que se quieran sumar a este ambicioso proyecto.



De acuerdo a la Carta Universal de Derechos Humanos, adoptada y oficialmente reconocida desde 1948 a la fecha, menciona la libertad a la que cualquier ser humano sin distingo de raza, credo, ideología o posición política y socio económica, adquiere por el sólo hecho de haber nacido en este planeta en una determinada familia o núcleo de la sociedad, es decir, un respeto universal que tendría que ser asumido con legalidad abierta en todas las organizaciones e instituciones y formas de gobierno de los países, aunque ya de antemano todas estos compromisos y responsabilidades no se han cumplido cabalmente en su totalidad por la cantidad de atropellos frecuentes y recurrentes en contra de la población más vulnerable, que carece de niveles mínimos aceptables de mejora en su calidad de vida, alimentación equilibrada, vestido, sustento, acceso a una educación gratuita y universal de calidad, etc.

Esto no sucede así, sobre todo en países como el de Arabia Saudita que ha incrementado últimamente sus despiadados ataques y bombardeos a la población de Yemen, o cuando también son pisoteados los derechos universales y de pertenecer a un determinado territorio y que por ese motivo serán respetadas sus formas de vida, credo y religión, sus formas de producción, lengua, tradiciones y manifestaciones culturales como ya sucede con Israel contra el pueblo de Palestina y de los desplazados de Indonesia.

La parte más profunda de este nuevo fenómeno que trae estos corporativos poderosos de la biotecnología a la sociedad, rompe con la estructura legal y jurídica al considerar que la verdadera preocupación que se esconde detrás de sus verdaderos intereses de estas corporaciones nacientes puede provocar diversas reacciones tanto de aceptación, asombro, rechazo, negación, incredulidad inclusive , por el sólo hecho de saber que cómo ya lo declaró públicamente esta androide, podría contemplar dentro de su aprendizaje y maduración, la posibilidad de destruir a la raza humana, como ocurrencia humorística frente a los medios, y pueda pasar desapercibida por las audiencias, lo que podría ya estar programado con anterioridad desde su diseño y en su sistema original cibernético, como medida estratégica para desestabilizar y controlar los códigos y redes de información de las instituciones: bancarias, de gobierno, militares, de seguridad nacional, entre otros, pueda con esto provocar en cadena el control mundial, como madre y origen de una inteligencia no humana, porque esta obedece a parámetros diferentes a las formas de comportamiento que le fueron diseñadas e inseminadas en su estructura neuronal artificial.



Si la preocupación original clásica de la filosofía greco-latina, era la de interesarse y prepararse para educar el alma, a través de las virtudes y buenos comportamientos morales, cabe la pregunta si en dicha fase de aprendizaje y entrenamiento de esta inteligencia artificial humanizada, pueda haber la posibilidad de heredar los mismos vicios y prejuicios que han representado la parte más vil y oscura de la humanidad: la ley de Caín sobre Abel para cumplir sus mezquinos propósitos de usar la violencia y el poder con el objetivo de crear una nueva estirpe que siga imperando a costa de las demás especies de este bello planeta azul (Nuestra Madre Tierra), ahora bajo el yugo del gen opresor dominante computarizado, esa descendencia que se va a apegar a vivir sin conciencia y sin alma, porque simplemente se va a deshacer de sus propios padres creadores, por ley de supervivencia del más fuerte sobre la desdicha del más débil, porque simplemente la maldad se va a encarnar y transformar en una máquina programada con las mismas ambiciones, deseos e intereses, pero también, tengo la esperanza que adquiera enfermedades (o errores de programación y autodestrucción) que lo puedan llevar a su extinción, asunto que queda pendiente para la última y tercera parte de este artículo.

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